
Quién hubiera creido que se hallaba
sola en el aire, oculta
tu mirada.
Quién hubiera creido esa terrible
ocasión de nacer puesto al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que vos y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras vos detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mi.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Vos no sos ése,
yo no soy ésa, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
Era si pero ahora
vengo un poco de vos.
No demasiado, solo un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a vos y a mí cuando nos piensen solos.
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