miércoles, 25 de febrero de 2009

Démons et Merveilles


De colinas y vientos
de cosas que se denominan para entrar
como árboles o nubes en el mundo

De enigmas revelándose en las lunas
rotas contra el aljibe o las arenas

yo he dicho y esperado

Creo que nada vale contra esta caricia
abrasadora que sube por la piel

Ni el silencio, ese desatador de sueños

Vivir
oh imagen para un ojo cortado
boca arriba perpetuo



por Cortázar

martes, 17 de febrero de 2009

uno-


En estos momentos tuve una certeza fulminante: cada uno tenía una «misión» pero ésta no podía ser elegida, defi­nida, administrada a voluntad. Era un error desear nue­vos dioses, y completamente falso querer dar algo al mundo. No existía ningún deber, ninguno, para un hombre consciente, excepto el de buscarse a sí mismo, afirmarse en su interior, tantear un camino hacia ade­lante sin preocuparse de la meta a que pudiera conducir. Aquel descubrimiento me conmovió profundamente; éste fue el fruto de aquella experiencia. Yo había jugado a menudo con imágenes del futuro y soñado con papeles que me pudieran estar destinados, de poeta quizá, de profeta, de pintor o de cualquier otra cosa. Aquellas imágenes no valían nada. Yo no estaba en el mundo para escribir, predicar o pintar; ni yo ni nadie estaba para eso. Tales cosas sólo podían surgir marginalmente. La mi­sión verdadera de cada uno era llegar a sí mismo. Se po­día llegar a poeta o a loco, a profeta o a criminal; eso no era asunto de uno: a fin de cuentas, carecía de toda im­portancia. Lo que importaba era encontrar su propio destino, no un destino cualquiera, y vivirlo por comple­to. Todo lo demás eran medianías, un intento de eva­sión, de buscar refugio en el ideal de la masa; era amol­darse; era miedo ante la propia individualidad. La nueva imagen surgió terrible y sagrada ante mis ojos, presenti­da múltiples veces, quizá pronunciada ya otras tantas, pero nunca vivida hasta ahora. Yo era un proyecto de la naturaleza, un proyecto hacia lo desconocido, quizá ha­cia lo nuevo, quizá hacia la nada; y mi misión, mi única misión, era dejar realizarse este proyecto que brotaba de las profundidades, sentir en mí su voluntad e identificar­me con él por completo.


Había probado mucha soledad. Pero ahora presentí que había una soledad más profunda, y que ésta era ine­vitable

sábado, 14 de febrero de 2009

estrella.


Y me contó la historia de una muchacha enamorada de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozada. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.



Fragmento de 'Demian', Hermann Hesse

miércoles, 11 de febrero de 2009

EXISTENCIA-


Es a lo largo de nuestra estadía, del recorrido terrenal al que llamamos vida, que podemos comprender que en ese trayecto solo nos servimos y alimentamos de las muchas, muchísimas personas que se cruzaron y coincidieron en nuestro camino.

Solo así se puede abastecer nuestro espíritu, en el intercambio con el otro; esa imágen primero desconocida, que nos deja una huella, nos impregna una sensación, nos adiciona un recuerdo, nos fusiona con su pensamiento. Únicamente así, concretando el acto continuo de recolección y cosecha de esa fuente vital que es el hombre y de entrega y transmisión de lo propio, se nos habilita para el encuentro con uno mismo; esa contemplación que permite reflexionarnos y sabernos fortalecidos, experimentados gracias a ese recibir y dar permanente.

Ésto es lo que nos lleva a aceptarnos viajantes contradictorios y en constante cambio, solo dispuestos a ser testigos de la búsqueda en la que estamos sumergidos, esa indagación de nuestra propia verdad: pura evidencia que, como principio, establece la expresión de lo que nuestra alma nos demanda. Aquella única petición capaz de inmortalizarnos, de hacernos perpetuos.

Luego de esa proyección me conduzo a creer o intuir que a los vínculos los podemos clasificar a algunos, como pasajeros y momentáneos y a otros, como los que fueron capaces de darse un espacio y persistir en los instantes del presente que componen pasados y futuros; esos falsos medidores del tiempo. Son estas últimas las relaciones que alcanzaron su perfección, es decir que, a pesar de y gracias a, permanecieron. Significaron un transitar lleno de coincidencias, enfrentamientos, desafíos y reencuentros otra vez. Implicaron épocas de fertilidad y períodos de aridez. Ingredientes necesarios para la construcción que surge del compartir.

Sólo esos lazos perdurables de constante intercambio que configuran nuestro ser (designado a sufrir alteraciones y hallarse en diferentes estados), son los que nos elevan y nos confirman los hechos fundamentales de la existencia: el nacimiento, el amor, el dolor absolutos y la muerte. Actos que nos condicionan como humanos sellado en la integridad.




Eso pensaba hoy. En la imágen, todo empieza desde lo pequeño y mas puro.

sábado, 7 de febrero de 2009

Buenos pensamientos.



Que idea más loca la de buscar lo eterno. Que inalcanzable parece y hasta incluso ridículo proponerse tal empresa. Sin embargo la eternidad está ahí, en las cosas más simples, en las que por su cotidianidad, por su evidencia creemos vulgares o finitas. No obstante una ambición tan particular resulta ser lo más común entre las personas; es tan hermoso verlo así, tan pleno. Lo veo en esos ojos que se clavan, esos ojos llenos de un amor que trasciende el significado de la palabra, lo desnuda. Lo veo en un rincón de mi cuarto donde yace una biblioteca con tantos amigos que nunca conocí. Lo veo en una mano fresca y suave posándose en mi hombro; lo siento en ese beso eterno, en esa fundición de espíritus en las que ya no somos nada para serlo todo, y eso si que es eterno! Un beso! ay, que fantástica idea la de buscar la eternidad, que lograble. Ahora no somos más un hombre, una mujer, ahora somos el abismo, las luces de todos los días y todas las melodías, ahora somos un pequeño pedazo de la historia que se alza por un camino que no tiene final, un camino que es eterno... lo vi en tus ojos, me lo dijeron todo.
Aprile

viernes, 6 de febrero de 2009

sueños convidados


Cuando un velo negro cubre el cielo y le pinta estrellas
con un lápiz de plata,
sus cabellos se desparraman en una almohada
que le convida sueños.
Historias que a veces no puede entender
y otras que cruzan sus miradas
y dejan por un rato que pueda observar su rostro.
De un par de critalinos ojos oscuran brotan lágrimas
y de los otros,
una simple sonrisa.
Él rodea con sus brazos sus delicados hombros
y la invita a conversar sobre dos vidas.
Él le cantaria versos al oído
y ella le entregaría su mejor beso.
Y en la despedida; él un cuidate, ella un adiós.

Son los cuentos que tejen sus sueños,
sueños que le convida su almohada.
Instantes desconsolados que ruegan tener aquellos ojos con los que se cruza cada anochecida,
cuando las sombras se transforman en luz y ella puede amarlo sin que él lo sepa.

Y un velo negro cubre el cielo y ésta vez pinta nubes con acuarela en una historia que convida sueño. Un momento desesperado quiere entender, porque despierta con lágrimas saladas, la luz del alba enseguece sus ojos; una realidad donde él camina lejos pero ella lo sigue soñando.
Entonces recuerda su agonía, él no existe y ni siquiera sabe de ella.
No llores, tal vez el vive por ángeles como vos.

jueves, 5 de febrero de 2009

After such pleasures-


Esta noche, buscando tu boca en otra boca,
casi creyéndolo, porque así de ciego es este río
que me tira en hombre y me sumerge entre sus párpados,
qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese esclavo innoble
que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
ese dolor de existencia, esa espera sin pausas ni
esperanza.
Sola en mi casa abierta hacia el faro
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

miércoles, 4 de febrero de 2009

a la izquierda del Roble.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que la muchacha está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo.
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.
Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.


por Mario Benedetti.
En la imágen, fotografía del Jardín Botánico, Buenos Aires-

martes, 3 de febrero de 2009

Hablen, tiene tres minutos


De vuelta del paseo
donde junté una florecita
para tenerte entre mis dedos un momento,
y bebí una botellas de Beaujolais,
para bajar al pozo
donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel
y sé que estaré solo en la ciudad más poblada del mundo.

Excusarás este balance histérico,
entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío,
llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.

Máxime sabiendo que pienso en ti obstinadamente,
como una ciega máquina,
como la cifra que repite interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura.

Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,

porque es preciso
que no estemos tan solos, que nos demos
un pétalo, aunque sea un pasito, una pelusa.


otra, de sumo Cortázar.

lunes, 2 de febrero de 2009

fragmento 2- "Las babas del diablo"


De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente por qué acepta una invitación a cenar o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, enseguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se averguenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas, que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago.





En la imágen, ilustración de Emilio Fatuzzo

fragmento de "Las babas del diablo"


Ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas horas de cielo perfectamente limpio, rectángulo purísimo clavado con alfileres en la pared de mi cuarto. Fue lo que vi al abrir los ojos y secármelos con los dedos: el cielo limpio, y después una nube que entraba por la izquierda, paseaba lentamente su gracia y se perdía por la derecha. Y luego otra, y a veces en cambio todo se pone gris, todo es una enorme nube, y de pronto restallan las salpicaduras de la lluvia, largo rato se ve llover sobre la imagen, como un llanto al revés, y poco a poco el cuadro se aclara, quizá sale el sol, y otra vez entran las nubes, de a dos, de a tres. Y las palomas, a veces, y uno que otro gorrión.


Julio Cortázar.

domingo, 1 de febrero de 2009

Océano.


Un miedo océanico, obscuro, inmenso.
Un grito diablo vestido de blanco,
juego el juego que me diste
sintonizo con la nada
entregados al instinto
comenzamos una hazaña.
Cambia el audio escualizando este momento,
arena en la ciudad ya lejos del desierto.
Entre páginas del libro
encuentro la flor disecada,
el orgullo de un momento,
la reliquia de la amada,
el momento en que
en dos mundos
la suerte ha sido echada.

Un mar de amar profundo
y en la superficie... todo esto.


Ulises Strumia-