
Es a lo largo de nuestra estadía, del recorrido terrenal al que llamamos vida, que podemos comprender que en ese trayecto solo nos servimos y alimentamos de las muchas, muchísimas personas que se cruzaron y coincidieron en nuestro camino.
Solo así se puede abastecer nuestro espíritu, en el intercambio con el otro; esa imágen primero desconocida, que nos deja una huella, nos impregna una sensación, nos adiciona un recuerdo, nos fusiona con su pensamiento. Únicamente así, concretando el acto continuo de recolección y cosecha de esa fuente vital que es el hombre y de entrega y transmisión de lo propio, se nos habilita para el encuentro con uno mismo; esa contemplación que permite reflexionarnos y sabernos fortalecidos, experimentados gracias a ese recibir y dar permanente.
Ésto es lo que nos lleva a aceptarnos viajantes contradictorios y en constante cambio, solo dispuestos a ser testigos de la búsqueda en la que estamos sumergidos, esa indagación de nuestra propia verdad: pura evidencia que, como principio, establece la expresión de lo que nuestra alma nos demanda. Aquella única petición capaz de inmortalizarnos, de hacernos perpetuos.
Luego de esa proyección me conduzo a creer o intuir que a los vínculos los podemos clasificar a algunos, como pasajeros y momentáneos y a otros, como los que fueron capaces de darse un espacio y persistir en los instantes del presente que componen pasados y futuros; esos falsos medidores del tiempo. Son estas últimas las relaciones que alcanzaron su perfección, es decir que, a pesar de y gracias a, permanecieron. Significaron un transitar lleno de coincidencias, enfrentamientos, desafíos y reencuentros otra vez. Implicaron épocas de fertilidad y períodos de aridez. Ingredientes necesarios para la construcción que surge del compartir.
Sólo esos lazos perdurables de constante intercambio que configuran nuestro ser (designado a sufrir alteraciones y hallarse en diferentes estados), son los que nos elevan y nos confirman los hechos fundamentales de la existencia: el nacimiento, el amor, el dolor absolutos y la muerte. Actos que nos condicionan como humanos sellado en la integridad.
Eso pensaba hoy. En la imágen, todo empieza desde lo pequeño y mas puro.
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